Nombrar no es mostrar - Mostrar no es nombrar

Dice Eva Lootz que no alcanzamos a ser conscientes de lo que captamos por el rabillo del ojo y aún estando presentes en la representación, hay aspectos de la misma que no llegamos a nombrar. El medio fotográfico, tan ceñido a las apariencias de la realidad, así como los sistemas de reconocimiento inteligente de imágenes, se enfrentan también a limitaciones en su capacidad de representar. Tomando como punto de partida la captación de imágenes de las superficies  de objetos domésticos horadadas por el tiempo y la experiencia, he alimentado la inteligencia artificial para tener una respuesta de reconocimiento. En este proceso las imágenes son etiquetadas y les son asignadas una serie de datos a partir del análisis acumulativo que el programa hace sobre los píxeles.  El tiempo inscripto en las superficies táctiles, vividas, afectadas y desgastadas por su uso, resultó ininteligible para el algoritmo de lectura artificial (basado en la lógica de las palabras).

El contraste entre ambos lenguajes revela un funcionamiento en el fragmento por parte de los dos y da lugar a una continuidad interpretativa ajena a ambos. 

También alimenté búsquedas  inteligentes desde imágenes que derivaron en  la apertura de un circuito lleno de ruido técnico-lingüístico. En este movimiento se re-velan (nunca mejor dicho) diversas cadenas de significado, sin alcanzar sentido. Bajo esta distorsión de frecuencia aparece otra narrativa abierta donde los códigos se mezclan dando lugar a representaciones formales caóticas basadas mayormente en la información de las superficies.

Como conclusión, hay un hueco entre fragmento y fragmento, una discontinuidad que señala en el intersticio el punto ciego de manera tal que nombrar no es mostrar, ni mostrar es nombrar.